El juego es la principal actividad infantil.  Efectivamente, es una actividad que permite el aprendizaje, pero no solamente en la infancia sino a lo largo de toda nuestra vida.  Todos necesitamos jugar.  Es algo natural.  A veces, se cree que jugar es una actividad menor, pues erróneamente pensamos que solamente es diversión.

Olvidamos habitualmente que cualquier actividad interesante que nos divierte permite desarrollar habilidades variadas, automatizarlas y, además nos ayuda a aprender cosas que difícilmente se olvidan siendo esto válido a cualquier edad.  Cuando jugamos, y dependiendo del tipo de juego, ponemos en funcionamiento habilidades cognitivas variadas (percepción y discriminación visual y auditiva, cálculo, orientación espacial y temporal, motricidad, coordinación motora, razonamiento, lenguaje, socialización, etc.) fundamentales para el desarrollo de la persona en cualquier etapa de la vida.

Jugando aprendemos cosas sobre nosotros mismos y lo que somos capaces de hacer así como controlar nuestras emociones. Por tanto, descubrimos que la práctica mejora los resultados, conocemos mejor a otras personas, aprendemos a ganar y a perder, hacemos amigos, pasamos el rato, nos evadimos y relajamos, nos concentramos y atendemos, reaccionamos, acatamos normas, nos superamos, etc. Nos encanta jugar.

En definitiva, el juego es una de las herramientas más eficaces para favorecer el desarrollo y lograr un aprendizaje de calidad.

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